María Rivas: Una queen del jazz en Barquisimeto

La artista venezolana María Rivas presentó su nueva producción discográfica Pepiada Queen en el teatro Juares. Los larenses disfrutaron de su talento a través de un concierto en el cual la cantante derrochó su gracia y energía

Por Adriana Ciccaglione


Si las tablas del teatro Juares pudieran hablar, expresarían su más alta admiración y agradecimiento, por haber recibido a una de las más destacadas artistas venezolanas. La cantante, compositora e intérprete caraqueña María Rivas llegó a Barquisimeto para impresionar al público durante más de dos horas de concierto.

A las 8:28 de la noche las luces del escenario comenzaron a subir. Un humo salió y entre el resplandor y la humareda salió la cantante con un vestido negro y sobre él una pintura de un perfil de una seductora mujer, “que lo realicé yo. Viviendo en Japón descubrí que también tenía talento para la pintura y he diseñado estos atuendos para los conciertos en los cuales me tengo que cambiar constantemente”, expresó María Rivas.

“María Magdalena dónde estás... te nombraron prostituta y te robaron tu santidad”, Hojas muertas fue el primer tema que interpretó la artista y el cual, “está dedicado a las mujeres. Estoy componiendo por y para ellas. Por la defensa de las damas, de su integridad, del valor y el respeto que se debe sentir por este género”, dijo Rivas.

- Tenía mucho tiempo sin venir a Barquisimeto y sin recibir esta magia del arte que se percibe en este hermoso teatro. La música quiere llegar al corazón de cada uno de ustedes, porque yo los amo, fueron las primeras palabras al público ofrecidas por la vocalista contemporánea.

Mientras cantaba, balanceaba su cuerpo en un baile sensual e interactuaba con cada uno de los músicos, quienes acompañaron magistralmente a la artista.

Nené Quintero en la percusión; Gilles Grivolla en el saxo; Miguel Chacón en el contrabajo y Laurent Lecuyer en el piano de la agrupación Liberjazz, fueron los encargados de ofrecer las más hermosas melodías interpretadas por Rivas.

Un tema onomatopéyico donde los sonidos de la voz y los instrumentos se confundían para embelezar a cada uno de los asistentes.

Poco a poco el público fue entrando en calor, el mismo que ofrecía María Rivas a través de su canto. El jazz, el pop, el rap y el hip hop, se fueron uniendo en su voz como una estampa de unidad a la música.

“Yo una vez fui motorizada, es peligroso y hay una canción que se la dedicó a mi hermano. En Caracas hay que ser bueno, pero al mismo tiempo malandro. Un día tenía sólo tres mil bolívares y decidí comprar una flor. De repente en la autopista en medio de aquel palo de agua veo una moto que va en sentido contrario y decido preguntarle '¿Chamo que estás haciendo ahí?'. A lo que respondió 'me das todo lo que tienes mamita'. Le dije, 'coye pana tu estas rayando a os motorizados, estas haciendo quedar mal al gremio panita. Yo tengo un hermano que es motorizado y compuse una canción para él, vengo de cantarla en el canal de Bárcenas, ¿la quieres escuchar?'. Dale, me respondió el motorizado y después de cantarla, me dijo, 'muy bonita, pero dame todo lo que tienes'. Le comenté que mis últimos tres mil bolívares los había utilizado comprando una flor y le pregunté '¿la quieres?'... 'Está bien mamita, me caíste muy bien y no te pienso hacer nada', comentó la artista y empezó a cantar El motorizado, uno de sus temas más emblemáticos.

La ovación no se hizo esperar, los aplausos no pararon un minuto. La artista agradeció a Concultura y al licenciado José Alberto Gil por haberle dado la oportunidad de presentarse.


Canto universal

El saxofonista Gilles Grivolla comenzó la melodía. Los demás músicos prosiguieron las notas, al mejor estilo árabe, oriental, que pronto se convertiría en un canto español. La combinación fue perfecta, indiscutible, que pasaba de un género a otro, logrando impactar por su versatilidad. “La luna le dijo al sol, regálame un poquito de luz...”, cantaba Rivas.

Tres Palabras fue la canción con la cual continuó una velada musical mágica, en la cual la energía se desbordaba desde la tarima del teatro Juares.

“Me voy de casa al Sur del Continente. Voy a invitar a un músico que toca el bandoneón, Eduardo Galián. Él no tiene vista, pero ve con los ojos del alma y me acompañará con tres tangos de Astor Piazzola”, dijo Rivas antes de deleitar al público con esta apasionante música.

Comenzó a cantar en inglés el tema Libertango, y acompañó su voz con unos pasos. En el segundo tema mezcla el tango con el jazz y la acompaña solo Galián.

El día que me quieras estremeció al público. “Mi corazón está enamorado de Astor Piazzola. Por eso compuse la letra de esta tema, que fue aceptado por los que tienen el derecho reservado de  la música del compositor”, expreso María para cerrar con broche de oro con Oblivion.

Otra canción más con ese corazón lleno de melancolía y despecho, propio de los tonos sureños , interpretó la artista. Se volteó para compartir los aplausos con los músicos y viendo a Eduardo Galián dijo, “son maestros, como el maestro que me tocó a mi en esta vida, Aldemaro Romero”.

Los aplausos no se hicieron esperar y de inmediato comenzó a cantar Tú y yo formamos una multitud, y Hablaré Catalán. Luego, los músicos deleitaron al público, mientras María Rivas cambiaba su atuendo, por otro original diseño realizado por ella.

Al retornar Smell Like Teen Spirit de Nirvana, con el toque de jazz, dejó un grato sabor a todos los que escucharon el tema.

Una canción compuesta por la vocalista y dedicada al café venezolano, llegó al Juares para hacernos sentir orgullosos de lo nuestro.


Con broche de oro...

El final se aproximaba y aunque el público se negaba ante esto, con cada uno de los temas la Madonna venezolana conseguía hipnotizar a los asistentes.

“Quiero despedirme a través de nuestro verdor... de esa negra que llevo dentro”.

Un tema en tambores, bien acompañado por el percusionista Nené Quintero, alborotó las raíces de los que se encontraban en el teatro Juares.

Luego conecta esa sensualidad de negra, con la hermosa melodía Bésame mucho, para volver a sus raíces y al tema original. Sencillamente, impresionante la manera como se pasea por todos los estilos y géneros musicales.

Pide un pañuelo blanco al público y un caballero sube a dejarle el de él. Comienza  a bailar con el pañuelo en la mano derecha y los aplausos se sentían desde cada una de las butacas. Pidió que el público le sirviera de coro, con una improvisación que realizó.

El 'pa la ropa' que cantó el público hizo que expresara su admiración por los guaros.

El Manduco fue cantado, aplaudido y ovacionado de pie, ante lo cual respondió la artista diciendo, “en 1990 el primer concierto que hice fuera de Caracas fue aquí”. Nuevamente la emoción invadió el Juares.

Los aplausos continuaron, ya se había retirado y tuvo que retornar al escenario. Preguntó que canción quería que interpretara y el público respondió Poco a poco.

“Aldemaro se que en Lara te aman demasiado”, dijo antes de comenzar a cantarla y compartió una anécdota de los últimos momentos que compartió con el maestro de la Onda Nueva.

Kamakura, una oración al Buda, fue el último tema con el cual se despidió la reina del jazz en Venezuela.

La promesa de retornar a Barquisimeto está en su agenda, así como la de realizar nuevas interpretaciones que sorprendan al público.

“Quizá cuando regrese interprete el Cántico al Hermano Sol que compuso San Francisco de Asís, a quien admiro, eso si lo haré con un toque de jazz y la canción de Cherry Navarro Aleluya. Tengo un segundo tango de Astor Piazzola que lleva ese despecho, ese guayabo que quiero componer. La música es una aliciente es mi alianza para comunicarme con el creador y para decirle a la gente que Dios existe y que lo sienta a través de la música”, expresó emocionada al culminar el concierto.

Fuente: El Impulso - Venezuela